Hay un gesto que hacemos cientos de veces al día cuando utilizamos una red social.

Aparece una publicación que no aporta nada. Seguimos.

Un comentario claramente automatizado. Seguimos.

Spam. Seguimos.

Una provocación construida únicamente para generar enfrentamiento. Seguimos.

Una publicación perfectamente redactada que, después de dedicarle un minuto, nos deja exactamente igual que antes de leerla. Seguimos.

Quizá deberíamos empezar a hacer algo diferente.

Pulsar los tres puntitos.

Durante años hemos aprendido a publicar en Internet. Ahora creo que necesitamos aprender también a cuidarlo. Y la llegada masiva de la inteligencia artificial hace que esto sea cada vez más importante.

El problema no es la inteligencia artificial#

LinkedIn ha comenzado a incorporar una opción especialmente interesante: permitir que sus usuarios señalen determinadas publicaciones como "AI slop".

La expresión hace referencia, simplificando mucho, a ese contenido generado de forma industrial con inteligencia artificial que puede estar perfectamente escrito, estructurado y presentado, pero que realmente aporta muy poco.

Y aquí creo que debemos evitar el error fácil.

No debemos declarar la guerra al contenido creado con IA. Debemos declarar la guerra al contenido sin valor.

Utilizar inteligencia artificial para escribir no convierte automáticamente un contenido en malo.

Podemos utilizarla para investigar, ordenar ideas, contrastar argumentos, encontrar errores, mejorar una estructura o expresarnos con mayor claridad.

Un artículo trabajado durante horas con ayuda de inteligencia artificial puede tener muchísimo más valor que una publicación escrita íntegramente por una persona en cinco minutos.

La pregunta relevante, por tanto, no debería ser:

¿Esto lo ha escrito una persona o una máquina?

La pregunta debería ser:

¿Esto aporta algo?

El contenido vacío existía antes de ChatGPT#

Conviene recordarlo.

Antes de la inteligencia artificial generativa ya existía el spam.

Ya existían los titulares diseñados exclusivamente para conseguir clics.

Ya existían los artículos SEO escritos para Google y no para las personas.

Ya existían las frases supuestamente inspiradoras que no decían absolutamente nada.

Y también existían los mensajes comerciales enviados indiscriminadamente.

La inteligencia artificial no ha inventado el contenido basura.

Lo que ha hecho es reducir extraordinariamente su coste de producción.

Hoy alguien puede pedir: "Créame 30 publicaciones sobre liderazgo para LinkedIn". Y tenerlas en segundos. Puede generar otras treinta. Y otras cien. Después puede automatizar su publicación. Automatizar comentarios. Automatizar mensajes privados. Automatizar respuestas.

El coste de producir contenido está acercándose a cero.

Pero existe algo que no podemos multiplicar de la misma manera: nuestro tiempo.

La economía de la atención entra en una nueva fase#

Podemos generar mil veces más contenido. Pero un día seguirá teniendo 24 horas.

Por eso creo que tendremos que empezar a hablar mucho más de algo que podríamos llamar responsabilidad sobre la atención.

Cuando publicamos algo estamos pidiendo a otra persona una pequeña parte de su vida. Treinta segundos. Dos minutos. Diez minutos.

Quizá la pregunta antes de pulsar "publicar" debería ser:

¿Merece la pena que alguien dedique parte de su tiempo a esto?

No significa que cada publicación tenga que ser una tesis doctoral. Podemos entretener. Podemos emocionar. Podemos contar una experiencia. Podemos enseñar. Podemos hacer reír. Podemos provocar una conversación. Incluso podemos equivocarnos.

Pero debería existir alguna intención de aportar algo al otro lado de la pantalla.

Un ejemplo sencillo#

Imaginemos esta publicación:

"El liderazgo no consiste en dirigir personas. Consiste en inspirarlas. Los grandes líderes no crean seguidores. Crean nuevos líderes. Tu equipo no necesita un jefe. Necesita inspiración."

Está correctamente escrita. Probablemente funcionará acompañada de una fotografía mirando por una ventana.

Pero podemos hacernos una pregunta sencilla: ¿qué sé ahora que no sabía hace treinta segundos?

Ahora comparemos:

"Durante tres semanas hicimos una reunión de seguimiento de una hora con todo el equipo. Descubrimos que buena parte de esa reunión podía resolverse por escrito. La sustituimos por una actualización previa y una reunión de veinte minutos los lunes. Estas son las tres cosas que hemos aprendido..."

Quizá también se haya utilizado inteligencia artificial para redactarla. Me da exactamente igual.

Hay experiencia. Hay información. Hay contexto. Hay algo que aprender, discutir o cuestionar.

La verdadera frontera no está entre contenido humano y contenido generado por IA. Está entre contenido que aporta y contenido que simplemente ocupa.

Los tres puntitos importan más de lo que pensamos#

Aquí también tenemos responsabilidad quienes consumimos contenido.

Durante mucho tiempo nuestra principal reacción ante algo malo ha sido continuar haciendo scroll. Pero las plataformas nos ofrecen herramientas que quizá deberíamos utilizar con mayor criterio: silenciar, dejar de seguir, bloquear, reportar.

Eso sí: reportar no significa denunciar todo aquello con lo que no estamos de acuerdo.

Una opinión diferente a la mía no es spam. Una crítica incómoda no es contenido de odio. Alguien que piensa de forma radicalmente diferente a mí tiene exactamente el mismo derecho a expresarse. Una conversación digital saludable necesita discrepancia.

El problema aparece cuando encontramos acoso, amenazas, fraude, suplantaciones, odio contra personas o colectivos, spam sistemático, manipulación o determinadas prácticas automatizadas destinadas únicamente a inundar conversaciones.

Para cada situación existe una herramienta diferente. Si simplemente no me interesa, puedo dejar de seguir. Si no quiero verlo, puedo silenciar. Si una cuenta invade sistemáticamente mi espacio, puedo bloquear. Si existe una infracción, puedo reportar.

Y quizá deberíamos perder el miedo a hacerlo.

Bloquear tampoco es declarar una guerra#

Existe cierta sensación de que bloquear a alguien es una decisión dramática.

No necesariamente.

Bloquear también puede significar algo mucho más sencillo: no quiero dedicarte más atención.

Nuestra atención también necesita límites. No tenemos ninguna obligación de permitir que cualquier persona, empresa, bot o sistema automatizado tenga acceso permanente a nosotros.

Cada interacción es un pequeño voto#

Los algoritmos observan lo que hacemos.

Un "me gusta" es información. Un comentario es información. Compartir una publicación es información. Detenernos durante varios minutos delante de un contenido también lo es.

Pero indicar que algo no nos interesa, silenciar una cuenta, bloquearla o reportar contenido problemático también proporciona información.

Por eso aquellos tres pequeños puntos que aparecen junto a prácticamente todas las publicaciones son más importantes de lo que parecen.

Son una forma de decidir qué queremos premiar y qué no.

Crear más ya no es el reto#

Durante años Internet nos ha pedido que produzcamos. Publica. Participa. Comenta. Comparte. Crea contenido.

La inteligencia artificial ha resuelto buena parte del problema de producir más.

Ahora aparece uno bastante más complicado: decidir qué merece nuestra atención.

Creo que esa será una de las grandes conversaciones de los próximos años. Y afectará tanto a las plataformas como a quienes creamos contenido y a quienes lo consumimos.

Porque si crear contenido cuesta cada vez menos, respetar la atención de quien lo consume debería importar cada vez más.

No necesitamos una guerra contra la inteligencia artificial.

Necesitamos mejores criterios. Mejores contenidos. Y probablemente utilizar bastante más esos tres puntitos.

¿Quieres conversar sobre lo que aquí cuento?